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Sor Juana y Pierre Bourdieu

Sor Juana y Pierre Bourdieu es un cuento escrito en 2006 por la literata chilena Claudia Apablaza como parte de una antología de su propia autoría publicada bajo el título autoformato.

sor juana ines de la cruz

Este singular cuento relata el encuentro entre la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz y el sociólogo francés Pierre Bourdieu. La reunión tuvo lugar en un famoso café santigueño del barrio Lastarria. No era la primera ocasión que lo hacían, aunque probablemente sería la última. El tema de conversación: los (estúpidos) jóvenes escritores. Ella se presentó portando el velo de inquietud que provocan los muros del claustro; él, con el desbordante atuendo de obsesión al método que se enseña en los muros de la academia.

Sor Juana y Pierre Bourdieu

Por Claudia Apablaza

El 20 de octubre de 2005, a las 19:30 horas, se encontraron en el Café Escondido del barrio Lastarria, Sor Juana Inés de la Cruz y Pierre Bourdieu. Nadie sospechaba que ellos se conocían. Ella llegó primero. No venía vestida de monja ya que había dejado el hábito en el hotel en que se estaba quedando. Traía un traje de dos piezas, similar a los que usan las secretarias. Parecía una verdadera oficinista. Nadie hubiese imaginado que era Sor Juana. Sus labios, pintados color rojo granate, hacían juego con el par de aros que se compró en la feria Santa Lucía. Algunos minutos después entró Pierre Bourdieu. Vestía igual que siempre: pantalón y camisa negros. Traía dobladas las mangas de la camisa. En Santiago comenzaba a hacer un calor apestoso.

Después de los saludos respectivos, de chocar las copas en alto, de darse las explicaciones de por qué tanta distancia, de lamentarse por no haber podido juntarse antes, abordaron sin más la conversación.

Sor Juan Inés de la Cruz y Pierre Bourdieu
Sor Juan Inés de la Cruz

— Estoy preocupada, Pierre.
— ¿Qué pasa, Juanita?
— Pienso que los jóvenes están cada día más estúpidos.
— ¿Qué jóvenes? No seas injusta, Juanita, tú también fuiste joven.
— ¿Qué otros jóvenes, Pierre? Los escritores, Pierre. Los jóvenes escritores de este país.

Pierre esbozó una mueca de desagrado. Esta tipa es una desatinada, pensó. No la veo nunca y cada vez que me cita es para hablarme de los jóvenes escritores. Pensé que habría escrito un nuevo libro y me lo comentaría. Que hablaríamos de su encierro o de la película Yo la peor de todas, de María Luisa Bemberg, que tanto la enfureció cuando la vio en el cine Hoyts de La Reina. O que me contaría en qué van las conversaciones con Manuel Fernández de Santa Cruz, que tanto la hostiga por considerarla una escritora profana. O por último, que tal vez necesitaría ayuda para mover sus textos sin ser acusada de hereje, pero sale con lo de siempre. Juanita, la mujer monótona. Si no fuera por su condición, la aforro aquí mismo.

Pierre Bourdieu
Pierre Bourdieu

— Juanita, querida, ya lo hemos conversado; por favor, no le des más a eso. No seas aburrida. ¿Leíste mi libro o no? ¿Qué libro lees ahora?
— Pierre, te he dicho mil veces que tu libro me lo devoré. El problema es otro.
— El problema es que estás celosa, Juana.
— ¿Celosa de qué, Pierre?
— De los nuevos escritores. Estás celosa porque ya no eres joven. Estás como una fiera. Tú ya eres parte de la historia, debes aceptarlo. Además que hablar de los jóvenes escritores a cada instante me parece sumamente infantil y anacrónico.
— Eres muy cruel, Pierre. Cuando veas en la web que lo que quiero comentarte es cierto, me escribirás un correo diciéndome que te perdone. Y ahí estaré yo, y te diré que sí, como siempre. Sor Juana los perdona a todos.

Pierre esbozó otro gesto de desagrado. Pensó que quería irse. Debería de haberse juntado con otra escritora, con una más cool . Lo mismo de siempre, la pequeña y celosa Juana. Eres monótona y aburrida, pensaba. Se nota que en el convento sólo deliras y no tienes con quién hablar. Después te haces la cuerda. Hizo un esfuerzo y se incorporó a la conversación, al delirio de Juana.

— Dime qué es lo que sucede ahora con los jóvenes escritores. ¿Qué pasa con ellos?
— Ellos se andan nombrando en los diarios y se antologan. Eso sucede. ¿Escuchaste? Se nombran unos a otros en los periódicos nacionales y se antologan entre ellos. Es decir, ellos son una tropa de estúpidos.
— ¡¿Qué?! Juanita, repíteme lo que dijiste. ¡Repítelo, Juanita!
— Así es, Pierre. Aunque tú no lo creas está de moda eso de nombrarse en las entrevistas y de antologarse. De moda. Lo que escuchaste. Los jóvenes se nombran unos a otros en las entrevistas como si nombraran a sus amigos preferidos.
— No te lo creo, eso no es así. Eso no puede suceder. ¡Es mentira! Es una infamia, Juanita. Tomaré nota. Eso haré. Déjame tomar nota de este nuevo fenómeno, por si descubro que es verdad. Debo ver si lo que dices es cierto. Si es verdad que los jóvenes chilenos se nombran en entrevistas y se antologan unos a otros, esto será noticia en todo el mundo. En todo el planeta, Juanita.
Pierre sacó su libreta. Puso la fecha en la parte superior de la hoja y como título escribió: 20 de octubre de 2005, Reunión con Sor Juana . Abajo anotó: Jóvenes escritores chilenos que se antologan y se nombran en los diarios . El mesero se acercó y les preguntó si querían algo más para tomar. Notó que habían terminado su pisco sour y supuso que tendrían sed.
— O.K., dijo Pierre, excitado, tráenos una vuelta más y que sea rápido. Estamos sedientos y tenemos mucho que conversar. ¿Puedes además traernos unas empanaditas de queso?
— Sí, señor.
Pierre considera que Juana es una copuchenta y ansiosa. Cada cierto tiempo lo cita al mismo café y le cuenta lo que la tiene ansiosa en ese momento. Pierre es cruel y siempre tiene deseos de golpearla o de llevársela a la cama. Ambas cosas se las reprime. Respeta su condición de monja y nunca siquiera se lo ha insinuado. Pero ahora es distinto, se muestra feliz con esta nueva idea.
— Juana, esto es nuevo para mí. Debes contarme qué sucede. ¿Qué sucede, amiga mía, amiga Juana? ¿Qué sucede en este país?
— Pierre, lo que escuchaste. Los jóvenes escritores están jugando a nombrarse en las entrevistas. También se antologan y se atacan entre ellos. Se quieren sacar los ojos. Cuando los entrevistan nombran a sus mejores amigos como si les estuviesen preguntando por ellos. Es como si…
— ¿Si qué, Juanita? Termina por favor, Juanita, termina con la idea, el concepto. Este fenómeno me interesa. ¿Quiénes son esos jóvenes? Relátame la situación. Nómbramelos; dame nombres y apellidos para buscarlos en la web.
— Es como si les dijeran que hicieran una lista de sus amigos favoritos, Pierre. De sus animales favoritos, de sus juegos favoritos, de sus películas favoritas, de sus dulces favoritos, de sus muñecas o autitos favoritos. Algunos piensan que eso es la literatura, Pierre.
— No creo que sea así, Juana. Eso no puede ser así. Eso es demasiado improbable. Dame nombres, por favor.
— Es así, lo es. Por eso estoy triste y por eso te llamé, Pierre. En pocas palabras: el juego de los nombres se ha instalado.

Café Escondido
Foto: Café Escondido, Barrio Lastarria. Vía gastronomiahistoria.blogspot.mx

Juana está furia. En sus ojos se notan esos versos que escribió cuando estaba en el convento: Óyeme con los ojos / Ya que están tan distantes los oídos / Y ausentes enojos / En ecos de mi pluma gemidos / Y a ti no llega mi voz ruda / Óyeme sordo, pues me quejo muda. Tiene rabia y no sabe qué hacer para controlar la situación. Juana llora por todo lo que ve a su alrededor y está furia. Teme que corra sangre en este país.

— No llores, Juanita. Esto va a pasar. Es una etapa, ¿entiendes? Te recomiendo que leas mis libros nuevamente. No llores, por favor, no llores. No le pongas tanto color, Juana. Tranquila. Va a pasar. Dentro de unos años nadie va a hacer esas preguntas estúpidas. No llores. Ya no habrá editores de cultura. Sólo la web y cada uno subirá lo que quiera. Los textos en la web pelearán por sí solos. No habrá personas detrás de las situaciones. Sólo los textos, Juanita. Por favor. Sólo los textos y nada más. No más sujetos.

— No lo veo así. Así no será. Es imposible, Pierre. Tú mejor que nadie sabes que el poder se instala de la forma que sea, como un pulpo que busca un roquerío. Hay que atacarlo. Hay que atacar el poder.

Pierre temió. Sintió horror. Pensó que Juana era un estorbo. Escuchó la palabra poder y temió. Vio a Juana como un obstáculo para pensar en sus ideas. Esta mujer no me toca mi palabra preferida. Esta mujer es una loca, pensó. A las locas se las manda al encierro. Eso ya lo dijo mi gran amigo Foucault.

— Bueno ¿y? ¿Para qué me llamaste, entonces? Deja de llorar, Juana. Me da vergüenza. ¡Llorona! Eres igual que todas las mujeres. Una perfecta llorona. Deja de copuchentear. Deja que los jóvenes escritores hagan lo que quieran. Deja de lado la chimuchina. Deja que se nombren y se saquen los ojos entre ellos. Están en la edad de la violencia, de las pasiones. Deja que corra sangre y después tú la lavas. Déjalos. Ese no es tu problema.

— Eres un estúpido, Pierre Bourdieu. ¡Vete al infierno con tus teorías! Pensé que eras más sensato. Pensé que me estabas comprendiendo, que haríamos causa común.

— Juana, eres una mujer celosa, sólo dices eso porque estuviste encerrada años y lo único que te interesaba era escribir. Ese es el problema, pequeña Juana. Estás celosa porque ahora a las chicas que escriben no las tratan de herejes y además escriben lo que les da la gana. Suben sus textos a la web. Buscan su nombre en el Google y se encuentran incluso compartiendo promiscuamente la misma página con más de diez escritores a la vez. Eres celosa, pequeña Juana. Te encantaría que tus versos estuviesen en páginas porno.

— ¡No es así! Yo no soy celosa. Sólo sensata. Y ahora vete, imbécil, no me entiendes. Dices ser uno de los mayores intelectuales de la historia y parece que ese título te queda chico. Eres un gusano. Vete con tus teorías a otra parte y no me vuelvas a citar en tus textos. ¡Te lo prohíbo!

— Nadie va a citarte, pequeña Juana, eres una pendeja malcriada. Nadie va a citarte más. Ni yo ni mis discípulos. Me encargaré de eso. Me encargaré de que tu nombre desaparezca de la historia y además haré causa común con los escritores a los que les gusta el cagüín. Iré con ellos a los bares, bailaré los temas electrónicos y luego nos reiremos hasta el amanecer, de ustedes, los graves.

Pierre salió enfurecido del bar. Incluso olvidó pagar los tragos que se había tomado. Pegó un portazo al salir. Juana lloraba. El mesero lo notó y se acercó a ella.

— ¿Qué le pasa, señora? Por favor no llore. Si no tiene dinero, no importa, se puede quedar lavando los platos. Pero por favor no llore. Conversaré con el dueño. O si no le gusta lavar, puede ayudarme a ordenar las mesas. No llore.
Juana se enfureció más. Este chico me vio cara de malacatosa, pensó. Seguro es un escritor joven.

Juana siguió llorando, sollozaba. De repente sonó su celular. Miró el visor: era el número de Pierre Bourdieu . No le contestaría. Pagó la cuenta y se fue directamente a un café internet. Entró al Google. Abrió una de las últimas entrevistas a jóvenes escritores que habían aparecido en la web. Copió el link. Abrió su correo y lo pegó. Fue nuevamente al Google. Encontró otra entrevista que le llamó la atención. Copió el link y lo pegó en el nuevo mensaje que enviaría. Escribió el e-mail de Pierre: pierrebourdieu@hotmail.com. Asunto: Pruebas fidedignas . Apretó enviar. Esperó. Por mientras fue al Google y escribió: Sor Juana y Pierre Bourdieu . No encontró nada, ni medio link. Menos mal, dijo. Volvió a Hotmail. Pierre ya le había contestado: Eres una demente, Juana, una celosa, una copuchenta.

Llorona. Deja que los jóvenes definan su propio campo de poder. ¿Quién esperas que los nombre, acaso sus mayores? ¿O será que me quieres dejar sin pega? ¡Maldita! ¿Acaso me quieres dejar sin pega?

Juana se sintió sola y estalló en llanto. Lloró por varias horas. Se sintió celosa y arrepentida. Ya no tenía amigos y temía nunca más ser nombrada en el transcurso de la historia. Debería volver al convento a delirar.

Pierre, por su lado, sintió que comenzaba una nueva etapa de insomnio. No pudo conciliar el sueño en toda la noche. Temió durante varios días por la posibilidad de no poder encontrar un buen trabajo y, peor aún, temió que se le olvidaran sus magníficas ideas.

Del libro de cuentos autoformato (LOM, 2006)
Claudia Apablaza

—Vía losnoveles.net | Asamblea portátil

  1. Rodrigo dice:

    Falló! Qué clase de crítica a la obra de Bourdieu, es ésta?

  2. Gravitania dice:

    Je me dio mucha risa leer esta historia

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