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Citas textuales

[...] los escritores y artistas constituyen, al menos desde la época romántica, una fracción dominada de la clase dominante, necesariamente inclinada, en razón de la ambigüedad estructural de su posición en la estructura de la clase dominante, a mantener una relación ambivalente, tanto con las fracciones dominantes de la clase dominante ('los burgueses') como con las clases dominadas ('el pueblo'), y a formar una imagen ambigua de su posición en la sociedad y de su función social.

Pierre BOURDIEU, Intelectuales, Política, Poder

— Tomado de Lápiz y Nube

La sociedad red es la estructura social de nuestro tiempo. No es una sociedad del futuro compuesta por internautas solitarios y robots telecomunicados. Tampoco es la tierra prometida de las nuevas tecnologías que resuelven los problemas del mundo con su magia. Es, simplemente, la sociedad en la que hemos ido entrando desde hace algún tiempo, en un proceso de transición a partir de la sociedad industrial en la que vivimos durante más de un siglo.

Manuel CASTELLS, La transición a la sociedad red.

Usain Bolt formula incluso una pregunta filosófica: ¿El hombre es finito o infinito? El hombre no está obstaculizado por un cálculo matemático. Evoluciona, crece.

- Christophe BRISSONNEAU, sociólogo del deporte.

Michel Foucault fue sin duda el filósofo francés que más se acercó al tipo de pensamiento propio de los investigadores en ciencias sociales (sociólogos, antropólogos e historiadores). Ni historiador (o deconstructor de la historia) del pensamiento filosófico, ni comentarista privilegiado de un autor o de una tradición, ni teórico puro de lo social, ni clarificador de conceptos o problemas, Foucault intentó escapar a muchos de los mandatos de su universo intelectual de pertenencia.

- Bernard, LAHIRE, "El espíritu sociológico de Michel Foucault", en El espíritu sociológico

Entre los juegos de competición de las antiguas Olimpiadas estaba el pancration, una especie de lucha sobre la arena que constituía uno de los acontecimientos más populares. Pero el nivel de violencia permitido en este duelo habitual era muy distinto del que se permite en la lucha libre contemporánea. Así, Leontiskos de Mesana, quien en la primera mitad del siglo V ganó dos veces la corono olímpica de lucha, obtuvo sus repectivas victorias no derribando a sus adversarios sino rompiéndoles los dedos de las manos. Arraquion de Figalía, dos veces campeón olímpico de pancration, fue estrangulado en el año 564 durante su tercer intento de ganar la corona olímpica, pero antes de morir logró romperle a su oponente los dedos de los pies, y el dolor obligó a este último a abandonar el combate. Los jueces, por tanto, impusieron la corona al cadáver de Arraquion y proclamaron vencedor al hombre ya difunto. Después sus compatriotas le erigieron una estatua en el mercado de su ciudad. Al parecer ésta era la costumbre. Si un hombre moría en algún juego de los grandes festivales, su cadáver era coronado vencedor. Pero el sobreviviente, aparte de quedarse sin la corona —motivo ya muy serio de vergüenza— no recibía castigo alguno ni, por lo que se ve, su acción quedaba marcada como estigma social. Morir, ser lesionado muy gravemente o hasta quedar incapacitado de por vida eran riesgos que todo luchador de pancration tenía que asumir.

- Norbert ELIAS, "El deporte como problema sociológico" en Deporte y ocio en el proceso de la civilización

Los buenos conceptos sociológicos son aquéllos que incrementan la imaginación científica y que obligan, al mismo tiempo, a realizar labores empíricas inéditas, actos de investigación que el sociólogo jamás hubiera hecho sin su existencia

- Bernard LAHIRE, Campo, fuera de campo, contracampo

[...] en el juego deportivo el campeón, velocista de los cien metros lisos o atleta de decatlón, no es más que el sujeto aparente de un espectáculo que en cierto modo se representa dos veces: la primera para todo un conjunto de agentes, atletas, entrenadores, médicos, organizadores, jueces, cronometradores, escenógrafos de todo el ceremonial, que contribuyen al buen desarrollo de la competición deportiva en el estadio, y la segunda para todos los que producen la reproducción en imágenes y en discursos de ese espectáculo, las más de las veces sometidos a la presión de la competencia y de todo el sistema de coerciones que les impone la red de relaciones objetivas en la que se hallan inmersos.

Sólo a condición de llevar a cabo una investigación y una reflexión, con el objetivo de hacer aflorar a la conciencia los mecanismo que rigen las prácticas de los agentes comprometidos en esta construcción social a dos niveles, podrían asegurarse quienes participan en el acontecimiento global que designamos cuando hablamos de "juegos olímplicos" un dominio colectivo de esos mecanismos, cuyos efectos padece cada uno de ellos, lo cual repercutiría en la acción que ejercen sobre los demás agentes y propiciaría el florecimiento de las potencialidades de universalismo, actualmente en peligro de extinción, que contienen los juegos olímpicos.

- Pierre BOURDIEU, Los juegos olímpicos. Programa para un análisis