Categoría ‘Citas textuales’
Hay por mucho que diga Marx, una filosofía de la miseria más próxima a la desolación de los ancianos vagabundizos e irrisorios de Beckett que al optimismo voluntarista tradicionalmente asociado al pensamiento progresista. Miseria del hombre sin Dios, decía Pascal. Miseria del hombre sin misión ni consagración social. En efecto, sin llegar tan lejos como Durkheim, la 'sociedad es Dios', diría con él: a fin de cuentas, Dios no es otra cosa que la sociedad. Lo que se espera de Dios sólo se consigue de la sociedad, que es la única que tiene el poder de consagrar, de salvar de la facticidad, de la contingencia, de la absurdidad; pero -y en eso estriba sin duda la antinomia fundamental- sólo de manera diferencial, distintiva: todo lo sagrado tiene su complemento profano, toda distinción produce su vulgaridad y la rivalidad por la existencia social conocida y reconocida, que salva de la insignificancia, es una lucha a muerte por la vida y la muerte simbólica.
'Citar', dicen los cabilos, es 'resucitar.' El juicio de los otros es el juicio final; y la exclusión social la forma concreta del infierno y la maldición. Debido también a que el hombre es un Dios para el hombre, el hombre es un lobo para el hombre.BOURDIEU, Pierre, Lección sobre la lección
Las ciencias que tratan de dar explicaciones globales como la sociología me dan terror, especialmente cuando veo que fueron fundadas por el gran Augusto Comte, aquél que inventó la religión de la humanidad y otras peligrosas quimeras.
PAZ, Octavio, Charla de Austin. Escritores y artistas en la historia de México (inédito).
— Visto en El blog de Jesús Silva-Herzog Márquez
Al volver de su servicio militar, Pierre Bourdieu, ya había trabajado sobre el terreno. Por aquel entonces ya prometía todo lo que ha conseguido: ser uno de los grandes de su generación; no dejaba adivinar en lo que se ha convertido, un jefe de secta seguro de sí mismo y dominante, experto en intrigas universitarias, despiadado con los que podían hacerle sombra. Humanamente esperaba otra cosa de él.
ARON, Raymond, Memorias
[la inteligencia] es esencialmente la capacidad de resolver los problemas del presente en términos de las consecuencias futuras sobre la base de la experiencia pasada.
MEAD, George H.
La tecnología no determina la sociedad: la plasma. Pero tampoco la sociedad determina la innovación tecnológica: la utiliza. Esta interacción dialéctica entre sociedad y tecnología está presente en las obras de los mejores historiadores, como Fernand Braudel.
CASTELLS, Manuel, La era de la información. Economía, sociedad y cultura (vol. 1)
[...] los escritores y artistas constituyen, al menos desde la época romántica, una fracción dominada de la clase dominante, necesariamente inclinada, en razón de la ambigüedad estructural de su posición en la estructura de la clase dominante, a mantener una relación ambivalente, tanto con las fracciones dominantes de la clase dominante ('los burgueses') como con las clases dominadas ('el pueblo'), y a formar una imagen ambigua de su posición en la sociedad y de su función social.
Pierre BOURDIEU, Intelectuales, Política, Poder
— Tomado de Lápiz y Nube
La sociedad red es la estructura social de nuestro tiempo. No es una sociedad del futuro compuesta por internautas solitarios y robots telecomunicados. Tampoco es la tierra prometida de las nuevas tecnologías que resuelven los problemas del mundo con su magia. Es, simplemente, la sociedad en la que hemos ido entrando desde hace algún tiempo, en un proceso de transición a partir de la sociedad industrial en la que vivimos durante más de un siglo.
Manuel CASTELLS, La transición a la sociedad red.
Usain Bolt formula incluso una pregunta filosófica: ¿El hombre es finito o infinito? El hombre no está obstaculizado por un cálculo matemático. Evoluciona, crece.
- Christophe BRISSONNEAU, sociólogo del deporte.
Michel Foucault fue sin duda el filósofo francés que más se acercó al tipo de pensamiento propio de los investigadores en ciencias sociales (sociólogos, antropólogos e historiadores). Ni historiador (o deconstructor de la historia) del pensamiento filosófico, ni comentarista privilegiado de un autor o de una tradición, ni teórico puro de lo social, ni clarificador de conceptos o problemas, Foucault intentó escapar a muchos de los mandatos de su universo intelectual de pertenencia.
- Bernard, LAHIRE, "El espíritu sociológico de Michel Foucault", en El espíritu sociológico
Entre los juegos de competición de las antiguas Olimpiadas estaba el pancration, una especie de lucha sobre la arena que constituía uno de los acontecimientos más populares. Pero el nivel de violencia permitido en este duelo habitual era muy distinto del que se permite en la lucha libre contemporánea. Así, Leontiskos de Mesana, quien en la primera mitad del siglo V ganó dos veces la corono olímpica de lucha, obtuvo sus repectivas victorias no derribando a sus adversarios sino rompiéndoles los dedos de las manos. Arraquion de Figalía, dos veces campeón olímpico de pancration, fue estrangulado en el año 564 durante su tercer intento de ganar la corona olímpica, pero antes de morir logró romperle a su oponente los dedos de los pies, y el dolor obligó a este último a abandonar el combate. Los jueces, por tanto, impusieron la corona al cadáver de Arraquion y proclamaron vencedor al hombre ya difunto. Después sus compatriotas le erigieron una estatua en el mercado de su ciudad. Al parecer ésta era la costumbre. Si un hombre moría en algún juego de los grandes festivales, su cadáver era coronado vencedor. Pero el sobreviviente, aparte de quedarse sin la corona —motivo ya muy serio de vergüenza— no recibía castigo alguno ni, por lo que se ve, su acción quedaba marcada como estigma social. Morir, ser lesionado muy gravemente o hasta quedar incapacitado de por vida eran riesgos que todo luchador de pancration tenía que asumir.
- Norbert ELIAS, "El deporte como problema sociológico" en Deporte y ocio en el proceso de la civilización
Los buenos conceptos sociológicos son aquéllos que incrementan la imaginación científica y que obligan, al mismo tiempo, a realizar labores empíricas inéditas, actos de investigación que el sociólogo jamás hubiera hecho sin su existencia
- Bernard LAHIRE, Campo, fuera de campo, contracampo
[...] en el juego deportivo el campeón, velocista de los cien metros lisos o atleta de decatlón, no es más que el sujeto aparente de un espectáculo que en cierto modo se representa dos veces: la primera para todo un conjunto de agentes, atletas, entrenadores, médicos, organizadores, jueces, cronometradores, escenógrafos de todo el ceremonial, que contribuyen al buen desarrollo de la competición deportiva en el estadio, y la segunda para todos los que producen la reproducción en imágenes y en discursos de ese espectáculo, las más de las veces sometidos a la presión de la competencia y de todo el sistema de coerciones que les impone la red de relaciones objetivas en la que se hallan inmersos.
Sólo a condición de llevar a cabo una investigación y una reflexión, con el objetivo de hacer aflorar a la conciencia los mecanismo que rigen las prácticas de los agentes comprometidos en esta construcción social a dos niveles, podrían asegurarse quienes participan en el acontecimiento global que designamos cuando hablamos de "juegos olímplicos" un dominio colectivo de esos mecanismos, cuyos efectos padece cada uno de ellos, lo cual repercutiría en la acción que ejercen sobre los demás agentes y propiciaría el florecimiento de las potencialidades de universalismo, actualmente en peligro de extinción, que contienen los juegos olímpicos.
- Pierre BOURDIEU, Los juegos olímpicos. Programa para un análisis



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